VIAJES
DE PIETRO DELLA
VALLE
“El peregrino”
-
Tomo II -
CARTA VIGÉSIMO SEGUNDA – 1ª parte
FERHABAD Y CAZVÍN - PERSIA
Desde Ferhabad, a primeros de mayo de 1618, y
desde Cazvín, a 25 de julio de 1618
.jpg)
“Descripción
de la ciudad de Ferhabad”
https://www.archivodelafrontera.com/wp-content/uploads/2025/08/II.22.17-VIAJES-DE-PIETRO-DELLA-VALLE-EN-EL-S-XVII-Ferhabad-Descripcion-de-Ferhabad.pdf
Descripción de la ciudad de Ferhabad.
|
Y la carta continúa así: “… Pero volvamos a Ferhabad, de cuyo relato
no sé cómo me he podido
apartar embarcándome en estas digresiones. El trazado de
la ciudad es muy grande, como el de
Roma o el de Constantinopla, puede que
mayor, porque tiene calles de más de una legua de largas.
El ejercicio de la religión cristiana aquí es libre.
|
La gente que han
traído hasta aquí, y que sigue llegando todos los días para morar en esta
ciudad, es de diferente procedencia, tal y como os he explicado con
anterioridad. Hay pocos mahometanos, y sí muchos cristianos de diversos credos
y cultos; pero casi todos armenios y georgianos, a los que se les permite
construir tantas casas e iglesias como quieran, adonde acuden públicamente a
cumplir con sus ritos; algo que no sólo no está permitido en Turquía ni en otros
lugares bajo el dominio de los mahometanos; sino que incluso, si alguna iglesia
se arruina no se puede construir otra, ni reparar la deteriorada, ni siquiera
añadir una sola piedra si no se obtiene un permiso a fuerza
de dinero…”
Nota de la traductora. - A partir de aquí, Pietro della Valle muestra ese aspecto
fanático religioso del católico romano y papista de la época, un tono
apocalíptico que hemos podido observar en otros momentos de su correspondencia,
y se enzarza en una serie de calificativos denigrantes y acusaciones criminales
para con esas comunidades cristianas, insistiendo en la necesidad de acabar con
todas ellas mediante una Cruzada, y aludiendo a los castigos bíblicos que se
merecen. Y como esos improperios religiosos en los que se embarca Della Valle, durante
más de una página, se apartan totalmente de la descripción que pretende hacer de
Ferhabad, e interrumpen el hilo del relato, he considerado más eficaz para la
comprensión del texto continuar con la traducción en donde Della Valle retoma
sus comentarios sobre la ciudad. No obstante, y para quienes sientan curiosidad,
he adjuntado al final de esta entrega una copia de los párrafos aludidos, en su
versión original italiana y su traducción al francés.
“…Mas para no apartarme del tema principal, os comento que ya se han
realizado los trazados de las calles de Ferhabad; serán muy largas, rectas y
más anchas que las que en Roma se conocen como Las Giulia. De un lado
presentan una hilera de casas con la misma simetría, y para que las aguas de
las lluvias puedan correr fácilmente, delante de las casas han hecho una
especie de puentecillos, con objeto de que el agua fluya por debajo y no forme
barrizales en estas tierras tan húmedas. De momento, las casas solo tienen una
planta, y su tejado está hecho únicamente con cañas y juncos de las marismas,
que resisten a la lluvia razonablemente bien.
Aquí las casas se hacen con barro y paja.
|
Justamente así es, según
Heródoto, como antiguamente construían sus moradas, con cañas y juncos que
también servían para techarlas, y que del mismo material estaban hechas casi
todas las residencias de la ciudad Real de
Sardi en los tiempos en que
los Reyes de Lidia tuvieron allí su morada. Los gruesos muros de las viviendas
de
Ferhabad los hacen con una argamasa muy corriente en estas tierras; la
llaman
calghil,
o lo que es lo mismo: “barro y paja”. Y es cierto que solo lleva tierra mojada,
como se hace con la cal, ligada con un poco de paja batida y troceada, y puedo
aseguraros que, sin mezcla alguna de piedras, esta especie de argamasa se
aglutina y consolida maravillosamente. Solo el palacio del Rey se ha construido
con ladrillos. Es bastante grande, aunque todavía no lo han terminado, y no
puedo describiros su interior pues aún no he podido entrar en él; pero desde el
exterior me parece que no es muy diferente a las otras residencias reales, de
las que os hablaré más adelante.
También hay aquí un caravasar,
una hostería pública bastante espaciosa, y ya frecuentada por las caravanas. Lo
han construido con ladrillos, pero aún no está acabado. El visir de Mazanderán
me dijo que, por dar gusto al Rey, él lo había hecho edificar en muy poco
tiempo, y que solo había tardado quince días. También hay un baño público, igual
que el que se puede encontrar en las casas de los habitantes que residen en la
ciudad; aunque aquí son pocas.
Con el tiempo, Ferhabad será una ciudad hermosa.
|
Por lo demás, esta
nueva ciudad, que podríamos decir que aún está en ciernes de serlo, al estar
hecha de barro, madera, cañas y paja, con frecuencia, como en la actualidad, hay
incendios que provocan la ruina de todas las casas de la calle, junto a la de
sus propietarios. Pero el Rey, que trabaja constantemente para embellecer Ferhabad,
a la vista de estos accidentes y sirviéndose de ellos, ha prohibido inmediatamente
reconstruir las casas quemadas tal y como eran antes, a menos que se edifiquen
mejor y sean más sólidas. Así, poco a poco, la ciudad irá mejorando, y tengo, a
bien seguro, de que en pocos años, será no solo una de las más grandes y
pobladas, sino de las más hermosas y magníficas de Oriente; porque el Rey se
emplea en ello con todo su empeño, y si tras algunos años ha sido capaz de
dotar a la ciudad de Isfahán de la belleza y esplendor que la hacen sobresalir
sobre todas las demás de su provincia, a pesar de su terreno extremadamente
seco y estéril, y que solo produce alguna cosa a fuerza de agua y estiércol, ¿qué
no hará aquí, en donde la tierra es buena y muy fértil; además de colmarla de
todas las comodidades que puedan contribuir a la magnificencia y belleza de una
ciudad?
Ferhabad no está rodeada
de murallas, aún no se ha completado su trazado, y yo creo que no lo han hecho para
dejar que la ciudad crezca y extienda sus fronteras lo máximo posible y que
aumenten día a día, dado sobre todo que en esta parte del país hay numerosas y grandes
ciudades, y de las más apreciadas, que no tienen murallas.
Un río, mucho más pequeño
que el Tíber, corta Ferhabad por el medio. Nace en las montañas que habíamos
atravesado, y discurre por ese valle de arrozales del que ya os he hablado, en
donde su cauce aumenta de tal modo, gracias a las aguas que vierten en él,
procedentes de las montañas, que se convierte en un río navegable desde la
ciudad de Saru; aunque no se circula por él con barcas de las normales,
sino con unas, fabricadas de una sola pieza gruesa de madera, ahuecada por
dentro y de fondo plano. Las construyen así porque las aguas aquí son poco
profundas; las mueven con unos remos, que más bien tienen forma de palas, y con
estas embarcaciones recorren el río, no solo a favor de su corriente, sino
también en su contra; siendo capaces de transportar en ellas hasta diez o doce
personas o su equivalente en mercancías.
Utilizan unas barcas muy peculiares.
|
A este río lo llaman
Teggine-rud,
que significa “río rápido”. En Ferhabad no hay más que un puente bien
construido y colocado en el lugar más frecuentado de la ciudad; pero como esta
villa es muy grande, y hay que atravesar el río en mil sitios distintos, cuando
uno se halla muy lejos de ese puente, es cuando la gente utiliza esas pequeñas
embarcaciones que abundan por todas partes. No solo se usan para cruzar el río,
sino también para ir adonde se necesite, e incluso para llegarse hasta el Mar
Caspio y gozar de un día de ocio pescando allí.
Este río, que corre desde
el mediodía hasta el septentrión, desemboca en el mar, a unas dos millas de la
ciudad; de modo que Ferhabad es casi un puerto de este mar, ya que los
barcos llegan hasta el mismo puente de la ciudad, en donde echan el ancla; eso
sí, no lo hacen los grandes navíos, sino casi todas las pequeñas embarcaciones
que comercian con todo tipo de mercancías por este mar; a saber, desde la
ciudad de Ghilán a la de Ester abad; de Bacú a Demir-capi,
y las más frecuentes procedentes de Astracán hacia la Moscovia.
Descripción del Mar Caspio.
|
De todos estos navíos,
los más grandes, que aquí llaman naves son, en mi opinión, más pequeños que
nuestras Tartanas. Estos barcos tienen la borda muy alta, poco calado y fondo
plano. Los construyen de esta forma, no solo porque el mar Caspio es poco
profundo cerca de sus costas, sino también porque en muchos lugares hay
numerosos bancos de arena, y con aguas poco hondas; de modo que, si esos barcos
no estuvieran hechos de esa manera, no podrían navegar por este mar.
Los peces que pescan aquí no valen nada.
|
Me extrañaba, creo que
con fundamento, de que en Ferhabad solo se pescaran salmones, muy abundantes en
la desembocadura del río, y algunos esturiones, a la par que muchos otros peces
de los que se dan en aguas dulces y que no valen nada. Yo atribuía esto a su
poco conocimiento en el arte de la navegación y de la pesca, o bien al miedo
que tienen de perderse si se internan en alta mar; porque de hecho sé que los
persas no son hábiles en ese elemento, y apenas tienen conocimientos de
navegación. Pero el
Chan de
Ester-abad, que reside en ese puerto
del Caspio, y que por su experiencia conoce sobradamente las razones de no
pescar en alta mar, me dijo que las aguas son tan poco profundas a veinte o
treinta millas mar adentro, que es imposible arrojar las redes al fondo y
conseguir ninguna pesca como la que hacemos nosotros con nuestras tartanas. Y
esa es una de las razones por las que construyen sus barcos de la forma que os
he descrito; también me dijo que no los cargan con ninguna pieza de artillería
porque en esta zona hay pocos corsarios y piratas, a excepción de algunos
Moscovitas o Rusos que podrían encontrarse en la desembocadura de algunos de
sus ríos, o con más frecuencia en el Volga; pero ante todo —me dijo— hay que
guardarse de desembarcar en la montaña de los
Lezghi, o en el país de
los
Circasianos, entre la
Albania y la
Moscovia, porque
allí uno se expondría de seguro a la pérdida de sus bienes y de su libertad.
Comparación de la ciudad de Ferhabad con la de Roma.
|
La temperatura del
aire de Ferhabad se parece mucho a la de Roma. Un invierno húmedo, lluvioso y
cargado de nieblas, igual que en Roma, con los mismos grados de calor y de frío;
algo que no me extraña, porque si no me equivoco, ambas gozan del mismo clima
por hallarse a la misma longitud del Polo, poco más o menos. La calidad del
terreno aquí es también muy parecida, porque es feraz, cenagosa y rodeada por
el río y por el mar; aunque su situación sea diametralmente opuesta, ya que en
Roma el mar queda al mediodía [sur] y nuestro río corre de occidente a sur; al
contrario que en Ferhabad, cuyo mar está al norte y su río discurre de sur a
norte.
Este parecido entre ambas
ciudades, me ha dado a pie al comparar Ferhabad con Roma, a la amorosa epístola
que he escrito desde Ferhabad como elogio a mi amante de la Toscana; al igual
que llevo haciendo desde todos los puertos de mar, o los ríos más famosos que
he recorrido. Ya doy por concluida toda esa correspondencia poética que he compuesto
aquí en el Mar Caspio, porque en la actualidad no creo que vaya a viajar por
otros mares, ni tener otros tropiezos; pero si no puedo corregir estos poemas,
ni darles la forma que desearía, porque de los veinte o más poemas escritos, he
dejado más de la mitad en Constantinopla; solo son esbozos, y ya habrán llegado
a Italia con mis otros manuscritos, si se han seguido las instrucciones que di
a algunas personas de Constantinopla para que todo lo que yo había dejado allí,
lo enviaran a Roma.
El Señor della Valle es alojado en Ferhabad.
|
Entré en Ferhabad por
la parte occidental del río; pero la casa que se me asignó estaba del otro
lado, al este de dicho río; de suerte que para llegar allí tuve que
atravesarlo. Mi alojamiento, aunque sea de los mejor acondicionados y más
habitables, es tan bajo que yo, que soy de talla mediana, puedo fácilmente tocar
el techo con la mano. Este aposento me recordó al de las primeras chozas de
Rómulo
,
e intento buscar en todas las cosas que veo un divertimento para mi espíritu a
fin de hacérmelas más agradables. En esta residencia no he encontrado nada
mejor, ni más conforme a mi temperamento, que un jardín o algo así, más bien un
terreno amplio, en el que han plantado infinidad de moreras blancas junto al
río. Aquí, a la sombra de esos árboles, unas veces sentado, otras paseándome,
he pasado una buena parte del tiempo, o al menos la más agradable; he estado
solo, conversando con las Musas, o acompañado, unas veces, por el
Attio Sincero,
o por
El emperador Marco Aurelio en lengua francesa que me ha
llegado a las manos, y otras, en la compañía de
Ferrari y su
Epítome,
que tantas veces he leído, a falta de otros libros, y con el que he visitado ríos,
ciudades y provincias.
Sus ocupaciones en la ciudad.
|
Durante esos días,
como no sabía qué hacer, he compuesto en ese mismo sitio un gran discurso, o
más bien una carta en tercetos, que he pasado a limpio y ya he enviado a Roma,
al señor
Claudio Decio, un viejo amigo mío; sobrino de ese famoso
Antonio
Decio, autor de la Tragedia titulada
Acripanda, y del que el señor
Claudio ha heredado sus virtudes y cualidades intelectuales, lo que le hacen
merecedor de llevar el célebre nombre de los
Decios. Así que he escrito
cincuentaisiete tercetos, narrando, como suelo hacer, las vicisitudes de mis
aventuras en forma de ficciones e invenciones poéticas. No os he mandado copia
de esta nueva producción porque en realidad no merecía ser copiada. No
obstante, si deseáis tenerla, Horatio Pagnani podrá satisfacer vuestra
curiosidad enviándoos a Roma una copia del original defectuoso y lleno de
faltas, junto con las dudas que consultaba al señor
Claudio Decio.
Y como creo haberos dado información
suficiente sobre Ferhabad y sus habitantes, pasaré ahora a hablar de mis
asuntos personales, o lo que es lo mismo, lo que he estado haciendo yo por
estas tierras…”
No hay comentarios:
Publicar un comentario